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Cuentos de Dhanae

Hansel y Gretel | Cuento de hadas

marzo 29, 2020
Hansel y Gretel Hermanos Grimm

Érase una vez, en una casa muy pequeña, en medio de un bosque vivía una familia muy pobre.

Eran tres en la familia, el padre y los dos hermanos, Hansel y Gretel.

El padre era leñador y en esos momentos el trabajo iba tan mal que cada vez tenían menos dinero y lo único que podían comer era pan.

El padre, cada vez más triste por no poder darles a sus hijos lo que necesitaban, tomó una difícil decisión.

Mientras dormían, los abrigó con mantas y preparó una cesta con pan.

Con lágrimas en los ojos dejó a los pequeños en el camino principal esperando que alguien los encontrará y cuidara de ellos.

Antes de que alguien los viera, despertaron, y asustados comenzaron a dar vueltas por el bosque buscando su casa.

Se adentraron tanto, que acabaron perdidos y las horas de convirtieron en días.

Cuando se acabaron las raciones de pan y las mantas quedaron empapadas apareció delante de ellos lo que más necesitaban, el calor de un hogar y comida.

La casa que tenían delante era una casa hecha completamente de golosinas.

Hansel y Gretel Hermanos Grimm
  • Gretel, ¿Ves lo mismo que yo? – sin esperar respuestas Hansel se tiró a por las nubes de golosina que hacían de muro del jardín de caramelos.
  • Espera Hansel, esta casa es de alguien, habría que… – empezó a decir Gretel cuando una mujer salió de la casa.
  • No os preocupéis y comed todo lo que queráis, parecéis hambrientos – dijo la amable mujer.

Hansel siguió a lo suyo comiendo todo lo que podía pero Gretel no acababa de fiarse de aquella mujer, había algo aterrador en su mirada.

La mujer, que en realidad era la malvada bruja del bosque, se dio cuenta que la niña no había caído en su embrujo y nada más entrar en la casa, los separó.

A la niña la puso a limpiar lejos de la cocina donde estaba el niño comiéndose todos los enormes platos que preparaba.

  • Come, come y ponte bien rellenito – decía la bruja mientras servía más comida al niño, pues lo que realmente quería era comérselo para mantenerse joven y hermosa.

Mientras la bruja estaba distraída Gretel encontró una habitación secreta donde vio libros de hechizos, pócimas, montones de oro y lo que más la asustó un montón de huesos con el embrujo de la comida que le estaba dando a su hermano.

  • Quiere comérselo – susurró horrorizada Gretel mientras iba a la cocina a llevarse a su hermano.

Se coló a hurtadillas, parecía que no estaba la bruja.

  • Hansel… psstt… Hansel – llamó desde la puerta – ¿Dónde está?
  • Está en el jardín, va hacerme más comida. Qué bueno que está todo – dijo con la boca llena de golosinas.
  • Deja esa comida y salgamos de aquí, es una bruja y quiere comer… – Gretel quedó pasmada, solo llevaban un día allí y su hermano ¡había triplicado su tamaño! – ¿No ves lo que te está haciendo?

Al escuchar ruido, la bruja fue corriendo a la cocina – Tendría que haberla encerrado – iba diciendo por el camino.

La bruja se estaba quedando sin tiempo, faltaba poco para que su hechizo de juventud acabara. Su pelo se había vuelto gris, ahora caminaba encorvada y su cuerpo había comenzado a arrugarse.

  • Niños, ¿Dónde estáis? – preguntó al no ver a nadie en la cocina – He traído un chocolate delicioso Hansel.

El niño, que aún seguía embrujado, salió de su escondite para seguir comiendo, cuando vio el aspecto de la bruja.

  • ¡Vámonos! – gritó Gretel mientras se llevaba su hermano.

Corrieron por la casa, pusieron obstáculos por el camino para despistarla y se escondieron intentando ganar tiempo para localizar una salida, pues la bruja había cerrado todo con magia.

Al final los acabó encontrando pero su aspecto era muy diferente y cuando alargó la mano para cogerles se comenzó a hacer cenizas.

  • No… – fue lo último que dijo antes de convertirse en un montoncito de polvo. La magia desapareció y pudieron salir.

Sin saber cómo, llegaron a la carretera principal donde encontraron a su padre buscándolos.

  • ¡Papá! – los pequeños abrazaron a su padre como si hubieran pasado años mientras el hombre lloraba y les pedía perdón por lo que había hecho y por no poder cuidarlos bien.
  • Tranquilo papá – dijo Gretel mientras sonreía, sé de un sitio donde podemos conseguir dinero.

Y así, gracias al oro de la bruja vivieron los tres juntos y felices.

Hansel y Gretel | Cuento clásico

Este cuento es una adaptación del cuento de hadas alemán Hansel y Gretel, donde no hay una malvada madrastra y el padre acaba arrepintiéndose de abandonar a sus hijos poco después de hacerlo.

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