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Cuentos de Dhanae

Leyenda del MIKILO, el protector de las siestas

junio 22, 2018

Cuentos infantiles cortos | El protector de las siestas (Mikilo)

Cuentos infantiles cortos escritos e ilustrados:  El protector de las siestas (Mikilo)

En un campo de trigo, donde vivían muchos granjeros se echaban la siesta todas las tardes.

Un día, un niño no quería dormir, quería jugar. Fue dando vueltas hasta que encontró a su víctima. Cogió una piedra para tirarla hacia el bidón y asustarle.

Cuando estaba preparado para lanzarla… una enorme figura con un gorro negro y poncho se presentó delante de él, pero lo que más le llamó la atención fueron sus enormes manos. Una de hierro y la otra de paja.

Leyenda del Mikilo
El duende aparece delante del niño

El ser fue encogiendo hasta llegar a su altura, y le dijo:

– “¿Con qué mano quieres que te golpee?”

El niño las miró y dijo que la de paja.
El duende levantó la enorme mano y la dejó caer. Después de eso… todo quedó oscuro.

Cuando el niño despertó ya era la hora de la cena. Enfadado, fue hacia su casa y les dijo lo del duende. La abuela de la familia le dijo que era el protector de las siestas, ya que los granjeros necesitaban descansar para obtener buenas cosechas.

– “No le desafíes, si aparece, échate a dormir”

A la tarde siguiente, el niño se negaba a dormir, y volvió al campo para encontrar al duende, que no tardó en aparecer.

– “¿Tú otra vez? No aprendiste la lección?”- dijo sorprendido, pues en todos sus años de vida no había visto a la misma persona dos veces.

Cuentos infantiles cortos
El niño no se rinde fácilmente

El niño le miró desafiante.

– “¿Con qué mano quieres que te golpee?”
– “La de hierro” – dijo seguro de si mismo.

El duende levantó la mano.

El chico se preparó para el golpe pero nunca llegó solo noto un pequeño toque en la cabeza. El protector se miró la mano y le comenzó a golpear muchas veces extrañado de que el niño aún estuviera en pie.

El niño comenzó a reírse y se fue a jugar a casa, había vencido!!

Al día siguiente volvió a salir con una enorme sonrisa, pues sabía que no lo molestarían.
Se equivoco , el protector apareció delante de él pero no porque estuviera despierto, si no para preguntarle como sabía lo de sus manos.

– “Lógica, no podía ser que la de paja pesase tanto, así que intercambiaste el peso de tus manos y así las personas dirían la mano blandita, pero se equivocarían! Y tú conseguirías dormirles.”

El protector se quedó pensativo. Estuvieron hablando y hablando, hasta que el niño tuvo que irse.
Pero al día siguiente, como el único despierto era él, el duende volvió a aparecerle.  El cual al verle suspiró y se sentó. El niño se puso a su lado y comenzó a hablarle.

Y así pasaron los días, siempre y cuando no hubiese alguien más despierto.
Y al final, de tanta charla, acababan rendidos y echándose la siesta.

Pero el pequeño rebelde nunca le dijo nada a nadie de lo que descubrió.

Cuentos infantiles cortos
Los dos echándose la siesta

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